Advertencia

Si no tienes la mayoría de edad para leer contenidos de adultos sal de este blog, por favor.

No es un blog de sexo, ni pornográfico ni cosas de esas, pero
en ocasiones contaré cosas muy subidas de tono y
sobretodo los pasos de mi venganza personal al cabrito de mi marido...
por eso, si no eres mayor de edad prefiero que no leas este blog.

Gracias, Libertad.

domingo, 9 de marzo de 2008

De nuevo la ¿rutina?

Dejé el coche lejos del instituto, me apetecía andar para despejarme un poco más. El trabajo me haría olvidar, entrar en la rutina de las clases y aliviar mi angustia.

Me pesaba todo: el cuerpo, el alma... me encaminaba hacia el centro con lentos y pesados pasos, mi cabeza cabizbaja. Al cruzarme con algún peatón, levantaba tímidamente la mirada, como buscando un reconocimiento, una palabra de aliento, un gesto de ánimo...

- ¡Seré tonta!- me recriminaba cada vez que pasaba alguien a mi lado sin ni siquiera cruzar su mirada.

Diez, doce minutos y encaré la calle del instituto. Ahora sí había rostros conocidos, más o menos anónimos pero relacionados con mi trabajo. Alguna mueca, algún gesto, un leve saludo... ya llegaba.

Para todos, había sufrido una indisposición, nadie sabia lo sucedido. Tenía cierta amistad con algunas profesoras pero no tanta para contarles lo ocurrido. Empecé a subir las escaleras del la entrada principal, cuando miré hacia arriba...

- Estoy sola- pensé - totalmente sola en la ciudad-

Inmóvil, me quedé absorta mirando al vacío...

- Sola- me repetía- totalmente sola-



Aquella presión de los últimos días comprimió mi pecho de nuevo, las lágrimas afloraron sobre mis mejillas. Rápidamente pasé la manga de mi jersey por la cara, respiré profundamente, tres escalones más y estaba dentro: nada ni nadie impediría que reanudara mi vida... mis clases.







Directamente me fuí al aula de tercero, no quise pasar por la sala de profesores. Vinieron pocos alumnos, sólo ocho, quizás por mis ausencias de los días anteriores. Abrí mi maletín y recordé que el último día había corregido el último trabajo sin haber comunicado las notas.

Salude a los alumnos, cinco chicas y tres chicos, y comuniqué los resultados: Luisa seis, María un nueve, Tomás un cinco y medio, Laura un seis, Tolo un cuatro...

- ¡Ufff!- se escucho en medio de la clase un gran resoplido que me hizo levantar la cabeza-

Allí estaba Tolo, bufando en medio del aula en protesta por el suspenso. Este año, no iba nada bien, no era el primer trabajo que suspendía, cada vez se acercaba más al suspenso final. Sin darle mayor importancia, continué la clase...

No puse el menor interés en la materia aunque esté mal decirlo, mi cuerpo había llegado al trabajo pero mi mente venía aun de camino.

Estaba recogiendo ya los bártulos desperdigados por la mesa cuando oí de nuevo un resoplido pero esta vez tan cerca que noté un golpe de aire caliente sobre mi nuca. Me giré, rápidamente y allí estaba Tolo, lo conocía desde hacía años pero en ese momento sentí un nudo en el estómago, sentí miedo.


- ¿Sí?- Logré balbucir intentando dar una imagen de seguridad


- Profe- Me dijo en un tono áspero- me gustaría revisar mi trabajo, no puedo suspender más-


Tolo cogió aire en hinchando sus pulmones, parecía muy enfadado. Instintívamente di un paso atrás. Gesto que el aprovecho para acercarse aún más inclinando su cuerpo hacia mi, intimidatoriamente.


- En media hora en la sala de reuniones- acerté a contestar, terminando de recoger y saliendo a toda prisa de la habitación.


Tolo, siguió mis pasos hasta la puerta con su mirada, nunca me había mirado así, no sabía qué pensar. Una vez en el pasillo, respiré profundamente. Seguramente, mi estado mental de los últimos días había bajado mis defensas innatas para manejar estos adolescentes, pero en aquel momento sentí miedo. Menos mal, que en la sala de reuniones estaría acompañada de algún compañero.



Carlos, un compañero de matemáticas corregía unos ejercicios sentado en un butacón al final de la habitación, cerca de la ventada.

-¡Hola! ¿Qué tal, recuperada?- me preguntó desinteresadamente.

-Bien, gracias- respondí con el mismo interés que su pregunta, sentándome al otro extremo de la habitación. Saqué el ejercicio de Tolo para tener preparada la corrección cuando él llegará. Realmente estaba mal, no había por donde cogerlo, había sido demasiado generosa calificándolo con un 4,5.

- Hola, profe- me dijo tolo entrando como una exhalación en la habitación y sentándose en la silla con el respaldo hacia delante, en posición chulesca. Cruzó los brazos apoyándose en el respaldo de la silla, sus piernas abiertas y flexionadas ligeramente, apoyó su mentón sobre los pulgares y me dijo desafiante:
-¡Qué! ¿Me vas a aprobar, verdad? Profe- su pregunta sonó amenazante en el silencio de la sala, se reclino sobre el respaldo hacia delante poniendo la silla a dos patas y acercando su cara a la mía, incomodándome.
Busque la protección de mi compañero mirando de reojo hacia atrás.
- ¡Mierda!- mi compañero había salido sin que me diera cuenta, estaba sola en la habitación, ante aquel adolescente que jamás se había comportado de aquella manera tan hostil y amenazante.
Tolo se levantó, me miró fijamente a los ojos y se rió maliciosamente. Seguro que había esperado a que mi compañero saliera de la sala, su mirada expresaba una mezcla de rabia e insolencia.
Acercó su boca a mi oreja derecha.
En esos momentos, mi corazón latía a mil por cien, notaba las palpitaciones en mi pecho como si quisiera escapar de la presión del sujetador, mis manos empezaron a sudar, empezaba a tener miedo de verdad. Tolo, tenía un cuerpo bien formado y musculoso, forjado en las calles del barrio. Mis piernas empezaron a temblar. Me quedé de piedra, mientras su boca se acercaba a mi oreja y podía sentir su aliento. Cuando su pelo rozó el mío cerré instintivamente mis ojos.
- ¿Estoy aprobado, verdad? Pro...fe
Estuve a punto de gritar, cuando Tolo giró sobre si mismo y se sentó sobre la mesa.
Me recuperé como pude, anímicamente estaba destrozada, mi autoestima por los suelos y encima me pasaba esto con Tolo, la primera vez que un alumno se me ponía gallito.
- Verás, Tolo...- comencé a decir de manera pausada y con un tono bajo de voz, según recomendaban en los cursillos de defensa personal para estas situaciones - Tu trabajo, no está nada bien- Maldita profesionalidad la mía, sólo tenía que haberle dicho que estaba aprobado y seguramente se hubiera marchado pero no pude.
- ¡Qué! No me entiendes, te he dicho que estoy aprobado...- Me gritó poniéndose de pié y avalanzándose sobre mi.
Con su mano me cogió por el mentón y alzó mi cabeza. Se agachó, acercando su rotro al mío. Se rió de la manera mas siniestra que jamás vi en un adolescente, me dijo lentamente, marcando cada sílaba:
- A...pro...ba...do... A...pro...ba...do- empujando mi cabeza hacia atrás.
- Pero con violencia no se pue...- No me dejó acabar, cogió mi cabeza ahora con las dos manos, apretándome con firmeza.
- A...pro...ba...do... - me repitió susurrándome al oído- no te confundas- me dijo pasándome la punta de su lengua lentamente desde mi barbilla, acercándose a la comisura de mis labios y subiendo despacio hasta mi oreja donde se retiró- Estoy dispuesto a hacer lo que sea... ¡Piénsalo!-

Se dio la vuelta y se marcho.

Allí me quedé sentada sin reaccionar mirando hacia los folios desordenados sobre la mesa, no sé durante cuanto tiempo, me temblaba todo el cuerpo por el miedo... pero inexplicablemente, lo que sentí cuando pasó su lengua sobre mi fue indescriptible, mi vagina convulsionó durante esos instantes. Junto al pánico pude sentir un placer nunca antes experimentado. Se había marchado, aún estaba asustadísima, aterrorizada pero realmente, no podía creerlo pero lo que mas estaba era...
... ¿excitada?...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ufff! Sigue mas... que pasa?

Anónimo dijo...

Woowww.. que relato.. verdaderamente brillante...

Anónimo dijo...

Caliente, caliente me pones. Cuenta mas cosas cachondas